miércoles, 18 de abril de 2012

Reseña "Escritos Póstumos" Volumen I. Jorge Luis Acha


Jorge Luis Acha. Escritos póstumos. Volumen I
Por Luciana Caresani
TítuloEscritos póstumos. Volumen 1
Autor: Jorge Luis Acha
Prólogo: Gustavo Bernstein
Año: 2012
Páginas: 297
Origen: Argentina
Editorial: Alción Editora

Artista plástico amante del mar, cineasta de culto inclasificable, maestro artístico e intelectual que ha sembrado en el legado de sus discípulos la capacidad de aprehender el mundo a través de una sensorialidad perdida en los avatares del siglo XX. Escasas son las formas para describir quién fue Jorge Luis Acha. Entre su obra cinematográfica cuentan films tales como Habeas Corpus (1986), Standard (1989) y Mburucuyá, cuadros de la naturaleza (1992) —proyectados en el marco del VIII Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI) de 2006— a los que debemos sumar varios cortometrajes como Impasse (1969) y Producciones Arena (1976). En la pintura, su predilección eran las acuarelas, donde el juego de un trazo único, rápido, meditado y no corregido sintetizó su capacidad de abstracción, abriendo un vacío en relación a la forma.

Pero hay un aspecto —desconocido pero no por ello menor— que puede ayudarnos a redefinir el estatuto de su poética. Jorge Acha nos ha dejado otro hallazgo, otra obra de arte en su legado ya no en manos de las imágenes fijas o en movimiento sino en palabras. Escritos póstumos es el primer volumen de guiones cinematográficos inéditos que han sido editados, seleccionados y trabajados con la minuciosidad de un estudio científico por el escritor Gustavo Bernstein. La necesidad de reunir los tres guiones del libro en una edición crítica implica indagar en un campo escasamente explorado en la cinematografía nacional: el estudio del guión como género literario independiente.

Jorge Acha nació y falleció en el mismo lugar: su amada ciudad de Miramar. A punto de cumplir cincuenta años, dejó este mundo en una fecha singular que Gustavo Bernstein remarca en su prólogo: el 12 de octubre de 1996. Este puntapié inicial le permite adentrarse en un problema que configura hasta el día de hoy nuestra identidad, tanto en un plano político como filosófico: ¿Qué resabios nos quedan de la colonización de lo que hoy llamamos “América”? ¿Bajo qué presupuestos se han definido, y persisten de manera implícita en el lenguaje, las condiciones de dominación del eurocentrismo? Y más específicamente, siguiendo de cerca una constante en los guiones de Jorge Acha, ¿cómo se construye la mirada?

La mirada, el punto de vista y la producción de sentido determinada por quién lleva adelante la narración es el eje central de Homo-Humus, basado en las memorias de Alexander von Humboldt al recorrer junto con Aimé Bonpland, un indio yaruro y dos aborígenes las cuencas del Orinoco en pos de investigaciones científicas a principios del siglo XIX. Quien lleva adelante el relato no es solamente la voz del europeo que documenta dentro de su cosmovisión el “Nuevo mundo”, sino que por momentos y en forma abrupta se produce un cambio en la perspectiva. En Homo-Humus (guión sobre el cual Jorge Acha se basó para la elaboración de su film Mburucuyá, cuadros de la naturaleza) vemos también a través de los ojos de un jaguar, de un camaleón. Es a partir de este giro donde la mirada se desdobla, el punto de vista central se resquebraja y, por ende, no podemos hablar de una sino de múltiples visiones de mundo que nos llevan a re-establecer el concepto de “lo real”. Por una parte, Acha da cuenta de una realidad guiada por la razón iluminista. Por otra, está la realidad librada a la percepción del cuerpo en contacto con su entorno, una suerte de sensorialidad basada en las texturas y colores de las flores, en los sonidos de la selva percibidos únicamente por los aborígenes, en la densidad de una gota de agua o de una rama.

Podríamos también dar cuenta de otro giro de la noción de realidad: tanto el personaje de Humboldt como el de Bonpland analizan el paisaje no sólo a través de sus relatos, sino que lo internalizan a través de dibujos y acuarelas. Dicho en términos cinematográficos, si los planos filmados en un registro realista se superponen con los planos de los dibujos de los paisajes, la imagen, como la narración, da un giro meta-lingüístico donde la obra permite no sólo la posibilidad de exploración en su materialidad y sus condiciones de producción, sino por sobre todo, la obra indaga en sus posibles configuraciones de sentido. ¿Qué ilustra mejor la esencia del paisaje de nuestras tierras? ¿La imagen mimética o la imagen representada en la pintura, producto de la abstracción del pensamiento?

Otro elemento sonoro significativo enhebra este primer relato, que no ha sido incluido en el film: la banda sonora está compuesta por fragmentos de la Consagración de la primavera de Igor Stravinsky, ballet que revolucionó la forma de concebir la danza europea a principios de siglo XX. En este gesto de retorno en la historia de la danza clásica a un estado de primitivismo donde aflora el folklore y la tradición, donde empiezan a verse las nuevas historias como contra-cara de la cultura hegemónica es que aparece un elemento que podríamos homologar a la poética de Acha: la cuestión de la identidad latinoamericana, y más específicamente, la identidad nacional.

Blancos (segundo guión del libro) se desarrolla en el año 1883 durante la denominada Conquista del Desierto. En tiempos donde las tropas del General Julio Argentino Roca tenían en su afán definir los límites de lo que hoy conocemos como la Pampa y la Patagonia argentina, un oficial de Buenos Aires lee en voz alta Moby Dick en el interior de una tienda en la noche. Sus jóvenes soldados se ven maravillados por la magnificencia de la blanca ballena que acecha a los marineros del relato. Ese temor por lo desconocido también cautiva a los aborígenes del sur: para ahorrar balas, el ejército libera cientos de blancos caballos salvajes que asustan a los pobladores originarios desplazándolos hacia la frontera con Chile. Lo que nos demuestra magistralmente Jorge Acha es que “Blanco” es el signo de una otredad que se presenta de manera sublime. Es la marca de la diferencia que incursiona súbitamente en nuestro universo y a partir de la cual podemos otorgarle un sentido a nuestro sistema de relaciones. Blanca también es la nieve que acecha a los blancos cristianos que pretenden exterminar la “barbarie” indigenista. A modo de auto-cita, no se puede dejar de pensar el guión Blancos sin el film Standard, donde el cineasta combina el cuerpo fetichizado de Libertad Leblanc con el fetichismo de la iconografía cristiana, al mismo tiempo que excava en las relaciones de producción capitalistas actuales donde quienes se desempeñan como mano de obra obrera son descendientes de indígenas que se pasan de mano en mano ladrillos blancos para construir una suerte de monumento donde los bustos de caballos se ven, como parte de ese proceso de producción alienante, fragmentados.

Si Homo-Humus y Blancos se caracterizan por el contrapunto que se establece entre la inmensidad del entorno natural y la pequeñez del hombre, dejando atrás cierta estela del espíritu romántico, el guión San Michelín es un relato de estructura barroca como la mayor parte del arte de la conquista. Situado en la actualidad, Angélica (antropóloga dedicada al estudio de nuevos fenómenos religiosos) descubre a través de los diarios el caso de San Michelín, que combina su trabajo entre el taller de una gomería del barrio de la Boca con la realización de milagros. Un relato cuya atmósfera se ve colmada por la espiritualidad de la presencia constante de las palomas, el fútbol como religión de las masas y la música de cumbia que pasa del carácter popular al sacro. Y como en Habeas Corpus, film basado en la historia de un hombre prisionero en un centro de detención durante la última dictadura militar argentina, el protagonista es el cuerpo: en San Michelín es el cuerpo etéreo y virginal de Angélica versus el joven cuerpo sufriente del santo de la gomería. Cuando reproduce el Cristo crucificado, su frente sangra no por una corona de espinas, sino por los clavos que bordean una vincha de goma de marca Michelín. Lo más curioso es que Amarillo Apaza, nombre del santo Cumiche del Titicaca, da cuenta de su descendencia de la tradición de nobles y religiosos.

A modo de palimpsesto, en este juego de re-descripción del mundo, Acha nos traslada a la recreación de un Jesucristo que indaga en las raíces marxistas del cristianismo: las imágenes y banda sonora de El evangelio según San Mateo de Pier Paolo Pasolini funcionan como el trasfondo sobre el cual San Michelín se inspira para producir el aura misteriosa de sus milagros. Estas proyecciones, que se alternan entre fragmentos del film y programas de bailanta tropical parten del pequeño y engrasado televisor del taller. Es el artefacto que, lejos de los libros, los relatos orales y las pinturas de los otros guiones de Escritos póstumos, se instala como el lugar de donde surgen las nuevas ventanas abiertas al mundo. Progresivamente, este mundo contemporáneo que establece Jorge Acha produce un vuelco místico, de retorno a un primitivismo hispánico del ritual que la cultura cristiana se encargó de borrar.

Si, como señalan ciertas filosofías, nos encontramos atravesados por el lenguaje, por un entramado de signos a través de los cuales significamos el mundo, parece existir en la poética de Jorge Luis Acha una búsqueda continua por aprender a opacarlos, a desnaturalizarlos, subvertirlos y, de este modo, brindar las condiciones para redefinir un mundo más nuestro desde el cual pararnos para pensar —en términos ontológicos— qué implica ser latinoamericano. O, dicho en mejores términos: como lo hacía en sus acuarelas, Acha produjo en el resto de sus obras un espacio abierto, un silencio, un vacío para abrir nuevamente el sentido.

jueves, 12 de abril de 2012

Presentaciones Abril

Alción Editora
 tiene el agrado de invitar Ud./s a la presentación del libro

Entre boca y boca





de
Juan Viñals


el día jueves 19 de abril a las 19.30 hs.


Acompañan al autor:
Adriana Viñals y Juan Maldonado

Maipú 967
Buenos Aires
________________________________________________

Escritos Póstumos
Volumen 1







de

Jorge Luis Acha


el día lunes 20 de abril a las 19.30 hs.

Presentación:
Gustavo Bernstein


                        Biblioteca Nacional, Sala Jorge Luis Borges,
Agüero 2502, Bs. As.

lunes, 9 de abril de 2012

jueves, 15 de marzo de 2012

Novedades 2012: John F. Deane - Lejano país y otros poemas

John F. Deane

Lejano país y otros poemas



John Deane (Achill Island, Irlanda 1943) Poeta, narrador, novelista y traductor. Ha publicado varios libros de poesía y ha sido traducido al francés, búlgaro, rumano, italiano, sueco y castellano. Por su obra ha recibido numerosas distinciones. En 2007 el gobierno de Francia lo nombró "Caballero de la orden de las letras y las artes" por sus aportes a la cultura europea. Fundó la emblematica revista Poetry Ireland y la editorial Dedallus Press y ha sido secretario general de la Academia Europea de Poesía.

Edición Bilingue
Traducción: Esteban Moore


martes, 13 de marzo de 2012

Novedades 2012 : Abdellatif Laâbi - Los frutos del Cuerpo

Abdellatif Laâbi
Los Frutos del Cuerpo




Abdellatif Laâbi, es uno de los principales escritores marroquíes de expresión francesa. Comprometido con la vida y con la literatura, a fondo, hasta tocar las raíces de lo humano, los poemas de Los frutos del cuerpo, son un testimonio insoslayable de la delicadeza del amor y el erotismo. El cuerpo se vuelve poesía. Poesía que no esquiva la realidad del mundo, sino que la asume y la supera por el sutil camino de la belleza.

Leandro Calle

lunes, 12 de marzo de 2012

El Demonio de anteojos Ahumados - Perfil de Romilio Ribero / Ciudad X

Perfil Romilio Ribero por Juan Carlos Maldonado - Ciudad X / 03-2012

martes, 6 de marzo de 2012

Entrevista a Rodolfo Alonso traductor de "Trabajar Cansa" Cesare Pavese




Operación Pavese

En 1957, Cesare Pavese fue publicado por primera vez en la Argentina, traducido por Rodolfo Alonso, para quien el italiano sigue impactando por un trabajo abrumador sobre el estilo.

POR Ezequiel Alemian







Cesare Pavese publicó en vida un único libro de poesía: Trabajar cansa. Hizo una primera edición en 1936 y una segunda, aumentada, en 1943. Se suicidó en 1950. Italo Calvino, que lo sucedió como editor en la casa Einaudi, publicó luego un segundo libro, con poemas que encontró entre los papeles que dejó Pavese: Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, que salió en 1951. También a Calvino se debe el rescate de otros dos libros esenciales de Pavese: La literatura norteamericana y otros ensayos, y su diario: El oficio de vivir.


Edgard Bayley, que dirigía la colección de literatura de la editorial Nueva Visión, le encargó a Rodolfo Alonso, entonces el más joven de los integrantes de la revista Poesía Buenos Aires, armar una antología de ensayos de Pavese. Alonso le propuso hacerla con Hugo Gola, y Bayley aceptó. Alonso y Gola tradujeron La literatura norteamericana y dos ensayos que hay al final de Trabajar cansa: “El oficio del poeta” y “A propósito de ciertos poemas no escritos todavía”. El libro salió en 1957, y fue tal el impacto que produjo que inmediatamente tuvieron que hacerse varias reediciones.


Tres años después, Alonso publicaba, por Editorial Lautaro, su versión de Trabajar cansa y Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, un verdadero acontecimiento, por lo que significó la literatura de Pavese para los lectores y escritores argentinos. La flamante reedición de este libro, por editorial Alción, sirve ahora para poner en perspectiva esos modos de leer y de concebir la poesía para Pavese y también para su traductor. Por eso hablamos con Alonso.


-¿Revisó las traducciones para esta nueva edición?
-No para esta edición. Seguí trabajando con Pavese durante muchos años. En 1961 yo estaba en plena vanguardia y no le prestaba atención al sonido de los versos, a su estructura prosódica, a los acentos. Son cosas de las que me fui dando cuenta con los años. Así que seguir trabajando con estos poemas lo sentí siempre como una obligación con Pavese y conmigo.


-¿Por qué fue tan leído?
-Había un contexto en los ambientes de izquierda que favorecía, si bien Pavese nunca había estado muy ligado a la política. El trabajaba en Einaudi, que era una editorial de izquierda, la del antifascismo, y ahora es de Berlusconi. El partido comunista italiano era el más grande de Europa y tenía una flexibilidad única, comparado con otros como el francés, muy estalinista. Existía una gran admiración por la literatura y la cultura italiana. Y también había una cuestión más conceptual. Pavese era un tipo muy culto. Decía que el poeta tenía que ser el más culto de sus contemporáneos.


-¿Hubo una influencia estilística de Pavese en la poesía argentina?
-Pavese era un escritor con una exigencia terrible y un trabajo de estilo abrumadores. Trabajar cansa es un libro hecho con un proyecto, con una estructura, que él llama “el cancionero”. Toda una arquitectura que tiene un sentido, en la cual los poemas se relacionan entre sí. Detrás de este proyecto estaba la idea de hacer una poesía narrativa. Lo narrativo no en tanto contar hechos, sino un poco como lo que hace Saer: una narración objeto. Por algo el libro de poemas de Saer se llama El arte de narrar.


-Pero los ensayos finales lo muestran incluso crítico con ese proyecto.
-Pavese era una persona muy crítica con él mismo y con los demás. Era muy difícil de tratar. Fue un solitario. Tenía el proyecto de hacer una poesía narrativa, con personajes incluso, pero al mismo tiempo, como les pasa a todos los grandes artistas, había cosas que se le escapaban. Valery dice del poema: “Esa prolongada oscilación entre el sonido y el sentido”. Pavese tiene poemas que son de un lirismo increíble, ya no narrativos. Y poemas de mitología. El mar del principio se va convirtiendo en un espacio mítico, y termina apareciendo Ulises.


-¿Se lo publicó en Poesía Buenos Aires?
-Uno de los Diálogos con Leuco, en el último número de la revista, que está dedicado a las musas. Pero la traducción de los poemas es un poco posterior. Ahora recuerdo que (Raúl Gustavo) Aguirre nunca ponía “traducción” en la revista. Siempre ponía “versión”. Versión parece hacer referencia a algo personal, diferente a la idea de traducción que había en esa época. En realidad siempre es “una” traducción, nunca es “la” traducción. Pero “versión” no volví a ver que se usara. A Macedonio Fernández hice publicar en Poesía Buenos Aires. Había encontrado un libro de poesías suyas editado por un paraguayo en México e hinché hasta que lo sacaron. Entonces Macedonio no estaba leído como poeta.


-Tal vez hoy resulta un poco difícil entender de qué se hablaba cuando se hablaba del humanismo de Pavese, ¿no?
-Probablemente ese humanismo sí se podría definir, pero no creo que sea posible transmitir con facilidad lo que encarnaba, que era una cantidad de valores por los cuales se murió inclusive. Tipos que arriesgaban la vida por escribir, por publicar, por pintar. Y las cuestiones políticas estaban directamente ligadas con eso. Dante Milano, un poeta casi desconocido, escribió que la finalidad de un gran poeta no es hacer una gran obra, sino hacer que la poesía continúe. Ese era un poco el espíritu de Poesía Buenos Aires. Y es la cita de Juan L. que Aguirre pone cuando hace la antología de la revista: “El canto viene de lejos/ de lejos y no se detiene nunca”. Hay mucho de presocrático en Juan L. Ortíz, como en Macedonio.


-En su libro de ensayos “No hay escritor inocente”, Macedonio y Juan L. aparecen tal vez como los dos poetas argentinos que usted más pondera.
-Sí. Porque son la poesía vivida a pleno, sin segunda intención. Ellos estaban en poesía. Hay cosas que me dijo Juan L. cuando lo conocí que no me olvido jamás. “El poeta, cuando habla de una cosa, es la cosa.” Yo lo repito, cambian las generaciones y no sé si se percibe lo que significa. En ambos hay mucho de la oralidad. Como dice Borges: “Qué morirá conmigo: una barra de azufre en un cajón de la cómoda en la casona del barrio sur, un charco de orina de una caballo blanco frente a una herrería, la voz de Macedonio Fernández”. Macedonio hablaba horas, Juan L. también.


-¿Es cierto que los integrantes de Poesía Buenos Aires no participaban de concursos ni escribían para suplementos?
-No se editaba con editoriales de prestigio, no se escribía en suplementos literarios, no se presentaba a premios literarios. Había normas éticas y estéticas que no estaban escritas, que se embebían con la práctica. ¡La beca Guggenheim! Con los yanquis no se podía hacer nada. Cuando llegué, me preguntaron si tenía poemas. Saqué un rollo, los leí, y me los empezaron a criticar. Era una cuestión de fraternidad y exigencia.


-Y esos imperativos éticos, ¿para qué?
-Hablamos peyorativamente de la literatura, como de una profesionalidad. Hacíamos otra cosa. Estaba en el aire una frase de Tzara: la poesía es una manera de vivir. Y de vuelta esa frase de Juan: el poeta es la cosa. Y las cosas no son gratuitas. Implican una serie de responsabilidades, de obligaciones. Lo ético y lo estético estaban unidos. Se podía ser poeta y otra cosa, pero no otra cosa y poeta. La poesía era una cosa seria.



lunes, 20 de febrero de 2012

Reseña Poemas Completos - W. B. Yeats



W. B. Yeats  en argentino

Un diálogo de 40 años

por Osvaldo Picardo

            La traducción poética debe ser uno de los tantos dramas íntimos de la poesía. Rodeado de debates formales y hasta políticos, la cuestión de la copia fiel a su original parece continuar desde las traducciones homéricas, pasando por las poesía china de Pound,  hasta las más deslucidas de Bukowski. Todo demuestra que no hay una sola y única manera de traducir. Es una amplia zona de interpretaciones, mutación y traiciones donde no todos los poemas resisten indemnes el paso de una a otra lengua y de una a otra época. Bien se podría afirmar que es la prueba de fuego a la que se somete el hierro de la poesía en manos de las nuevas generaciones.
            No pocos poetas argentinos fueron una suerte de aduaneros literarios que facilitaron o negaron el conocimiento de grandes autores extranjeros que así llegaron -o no- a ser leídos con una voz familiar y entrañable. 
            Y tal como se quejan algunos buenos amigos, la reactivación de la industria editorial española y la imposición de su norma lingüística, viene naturalizando no sólo un canon ajeno y distante sino  “lo barato que resulta no pagar derechos”, conviertiendo a las traducciones argentinas en un borrador para que castizos correctores las hagan “legibles”.
            No deja de ser bien cierto, aunque tampoco deja de ser una generalización injusta con respetables traductores españoles -pienso en Cernuda, en Valente, en Jordi Doce, en Colinas, en Gallego Roca, en Riechmann, etc. También -hay que decirlo- ha sido una metodología muy all´uso nostro, si hacemos caso a lo que Sarlo cuenta del Spivacow y el legendario Centro Editor de América Latina. La autora de “Una modernidad periférica”  confiesa en un arrebato de sinceridad que en muchas ocasiones se arreglaban las traducciones para esconder a los traductores originales. La crítica recuerda su trabajo como directora de la colección de “Biblioteca Fundamental del Hombre” donde a veces, se aplicaba “ese famoso método inventado por el Centro Editor...: “se tomaba una vieja traducción y se le hacía una corrección de estilo exhaustiva para que no pudiera ser reconocida, a veces se trabajaba a partir del original, y a veces sin él”.
            Tales usos y abusos no pueden hacer desestimar la enorme labor intelectual que tuvieron nuestros editores y traductores en la historia cultural argentina. Gran parte de mi formación como buen lector y algo de escritor se debe a esas colecciones y libros deshojados y amarillos que fui adquiriendo, cuando no existía Mercado Libre, en abandonadas bibliotecas o librerías de calle Corrientes. Así conocí las traducciones de Apollinaire o de Lubicz Milosz que hizo Lysandro Z. D. Galtier quien también fue el compilador de los tres volúmenes de “La traducción literaria”, una invalorable historia de este métier en la Argentina. La lista es larguísima y atravesada por las lenguas de uno y otro continente: Oliverio Girondo y Enrique Molina tienen una versión inolvidable de “Una temporada en el infierno”; y la lista de ejemplos sigue con Silvina Ocampo, con Bianco, con Borges, con Pezzoni, con Girri entre otros que estuvieron vinculados con la prestigiosa revista Sur; y después con la extraordinaria irrupción de Raúl Gustavo Aguirre con la revista “Poesía Buenos Aires” que renovó la manera de leer y escribir en la Argentina. Lo demás es historia reciente y no por conocida es menos respetable.
            Por eso, es para celebrar la traducción de uno de los grandes poetas irlandeses del siglo XX que Alción Editora acaba de publicar, en Córdoba:  “Poemas Completos”, de W. B. Yeats (1865-1939), con traducción, presentación y notas de Eduardo D'Anna, también dramaturgo, narrador y poeta cuyo último libro de poesía es “Diario secreto de Marco Polo” (Alción, 2011).
            W.B.Yeats, conforma junto a T.S. Eliot y Ezra Pound un trío insustituible cuando se habla de poesía en lengua inglesa o se reflexiona sobre la contemporaneidad desde una mirada y un pensamiento en el que se combinan la tradición y la modernidad. El autor del memorable poema “Navegando hacia Bizancio” fue un irlandés comprometido con las luchas nacionales de fines del XIX, senador del recién constituido estado de Irlanda en 1922 y premio Nobel en 1923. Su obra es vastísima. Escribió además de poesía, teatro, memorias, ensayos, panfletos, prólogos, cartas y hasta reglamentos para sociedades secretas.
            La edición cordobesa de Alción, reúne por primera vez, su poesía completa. Hasta ahora, creo que, en el país, sólo contábamos con el trabajo prolijo y autorizado de Delia Pasini, una antología bilingüe publicada en Losada en su colección 70 años.
            El poeta irlandés había sido recientemente abordado en España, por Antonio Rivero Taravillo, en una edición bilingüe de Pre-Textos (2010); así como en otra edición de Lumen (2005), con prólogo de Seamus Heaney y traducción rimada de Daniel Aguirre. Otros intentos fueron los de Alianza (1990) con una difícil traducción de Enrique Caracciolo Trejo. Las demás ediciones han sido de poemas sueltos o de alguno de sus libros como es el caso de “La escalera de caracol” de Linteo (2010) en la traducción de Antonio Linares Familiar; o “Los cisnes salvajes de Coole” y “La Torre” de ediciones DVD,  en traducción ambos de Carlos Jiménez Arribas. Como vemos tras una somera revisión de ediciones y traducciones, la Argentina viene perdiendo por goleada contra el excelente equipo de la Real Academia Española. El ingenioso trabajo de D´Anna nos devuelve ahora la posibilidad de la revancha.
            El hecho mismo de una traducción habla de la historia secreta de un encuentro. El encuentro entre Yeats y D´Anna, nacido en 1948, nunca prodría haber tenido lugar, por más viejo y andariego que se considere al rosarino. La coincidencia fue a partir de la experiencia de hace más de 40 años, que el traductor obtuvo cuando colaboraba en la legendaria revista Lagrimal Trifurca. En una nota al pie de la introducción (p. 11), D´Anna cuenta el significativo equívoco de poetas y editores a raíz del poema traducido en la revista y que llegó a manos del poeta chileno Jorge Tellier.  “Es evidente que a Tellier le gustó el poema (y mi traducción) –dice D´Anna-, pues la misma con ligeros e insignificantes retoques, estaba entre sus papeles póstumos”. De ese modo, fue tomado por un texto del poeta chileno y como tal se publicó editado por Colihue en Bs.As., en 1999.
            El equívoco ilustra con claridad de qué modo extraño se puede confundir un poema traducido con uno original, o como dice el español Sánchez Robayna: “lo que debe interesarnos es que un poema lo sea de verdad, es decir que ese poema sea un buen poema, haya sido o no fruto de la traducción”. D´Anna, como poeta, ha alcanzado esa proximidad por la cual se confunde copia y original. 
             Y hay otra proximidad también.  La de un autor y su traductor. Puede ser que se conozcan o no, que sean contemporáneos o no, pero esta segunda proximidad hace que muchas traducciones por modestas o rudimentarias que sean, pongan en evidencia las carencias de la propia lengua y empujen a inventar las equivalencias necesarias. Es un proceso en que el diálogo entre dos culturas termina por hablar en una nueva lengua.
            La forjada para esta edición de Poemas Completos, logra un Yeats tan cercano que lo oimos nuestro y entrañable.
           



Dos versiones argentinas para un mismo poema de Yeats

El paso del tiempo ilustra con claridad el problema de la traducción y el lenguaje poético. Como decía Borges hablando en 1932 de las versiones homéricas: “ Ningún problema es tan consustancial con las letras y con su modesto misterio como el que propone la traducción”.
Aquí comparamos solamente dos versiones del poema “Long-Legged Fly” de Yeats en las versiones de Alberto Girri y Eduardo D´Anna.
Osvaldo Picardo

Moscas de largas zancas

Para que la civilización no se hunda,
perdida su gran batalla,
haz callar al perro, ata el potrillo
a un poste distante.
César, nuestro amo, se halla en la tienda
donde los mapas están desplegados,
sus ojos fijos en el vacío
y una mano bajo el mentón.
Como una mosca de largas zancas sobre el río
su mente se mueve en el silencio.

Para que las insuperables torres sean quemadas
y los hombres memoren el rostro,
muévete lo más suavemente posible, si debes hacerlo
en este solitario lugar.
Ella piensa, en parte mujer, tres parte niña,
que nadie la mira; sus pies
ensayan un paso de baile
aprendido en la calle.
Como una mosca de largas zancas sobre el río
su mente se mueve en el silencio.

Para que las muchachas púberes puedan encontrar
el primer Adán en su pensamiento,
cierra la puerta de la capilla papal,
mantén fuera esas niñas.
Ahí en el andamio está acostado Miguel Angel.
Sin más ruido que el que hacen los ratones
mueve su mano de un lado a otro.
Como una mosca de largas zancas sobre el río
su mente se mueve en el silencio.

Alberto Girri





La mosca de patas largas

Esa civilización no va ha naufragar
aunque haya perdido su gran batalla,
tranquilicen al perro, aten al pony
en un poste alejado; nuestro amo
César está en la tienda, con los mapas
desplegados, con sus ojos fijos en nada,
con una mano en su barbilla.
Como una mosca de patas largas en la corriente
su mente se mueve sobre el silencio.

Para que ardan las torres hasta la cima
y los hombres recuerden su rostro,
ve más despacio, si hay que moverse
en este solitario sitio, que ella piensa
-es tres partes niña; mujer, una-
que nadie mira; sus pies zapatean
pasos todos mezclados, de la calle.
Como una mosca de patas largas en la corriente
su mente se mueve sobre el silencio.

Para que las muchachas ya púberes
hallen a su primer Adán en su mente,
cierra la puerta de la capilla papal,
deja a esas niñas afuera, Miguel Ángel
está ahí reclinado en su andamio.
Haciendo el ruido que hace un ratón
sus manos van moviéndose aquí y allá.
Como una mosca de patas largas en la corriente
su mente se mueve sobre el silencio.



Eduardo D´Anna


Osvaldo Picardo: Escritor y profesor de literatura. Dirige la revista La Pecera (www.lapecerarevista.blogspot.com) y la Editorial de la Universidad Nacional de mar del Plata. Su último libro es “Pasiones de la línea” (En Danza, Bs.As.)

viernes, 6 de enero de 2012

Reseñas Radar libros: Artaud -Valéry - Pavese

libros
Sábado, 31 de diciembre de 2011

Tres libros de y sobre poetas


 Por Juan Pablo Bertazza
¿Quién conoce a Antonin Artaud?
Varios
Alción
En 1928 Artaud se enamoró de Juana de Arco. Sucedió durante el rodaje de La pasión de Juana de Arco, en el que a pesar de tener un rol secundario encarnando al hermano Jean Massieu, cautivó absolutamente a todo el que la vio, con un mix notable de belleza y demencia. Entre cada uno de los testimonios compilados por Rodolfo Alonso sobre la figura inmensa y desconcertante de Antonin Artaud que componen este libro, el único hilo conductor parece ser la imposibilidad de radiografiar la importancia de quien, a pesar de romper con el surrealismo (sobre todo por su servilismo al adherirse al Partido Comunista), fue el único en llevar hasta las últimas consecuencias cada uno de sus postulados teóricos, una víctima de recurrentes brotes psicóticos que tenía una lucidez omnisciente y dañina, que anhelaba una geometría sin espacio, que buscaba representar lo irrepresentable (tal como indicaba en uno de los manifiestos de su Teatro de la crueldad) y se vanagloriaba de haber dado con una escritura para analfabetos. Tal vez por eso, además de los testimonios de Maurice Blanchot, Eugène Ionesco, René Char, André Breton y Tristan Tzara, entre otros –testimonios que van desde escuetas expresiones de dolor por su muerte hasta completos análisis sobre su visión del mundo–, este libro incluye algunos documentos inéditos del mismo Artaud y un valioso poema de Rodolfo Alonso titulado, sugerentemente, “El juicio final”.

Introducción a la Poética
Paul Valéry
Alción
Singular. Así fue la conferencia dictada por Valéry en París el 10 de diciembre de 1937, al hacerse cargo de la Cátedra de Poética en el tradicional Collège de Francia. El mejor alumno de Mallarmé se propuso entonces liberar la poética de su acepción más difundida, antigua y corriente: un conjunto de reglas formales y fijas para poner en práctica algún tipo de arte. En cambio, propone un estudio a partir de la Historia de la Literatura capaz de dar con las características fundamentales de aquellas obras que terminaron incorporándose al canon literario. En ese sentido, resulta muy curioso, y es una de las observaciones que realiza en su prólogo Rodolfo Alonso, el hecho de que este ineludible exponente de la poesía pura incorpore a su discurso conceptos provenientes del ámbito de la economía, como los de “producción” o “valor”. Otra de las apuestas de Valéry en este texto es despojar de la lectura y posterior análisis cualquier rasgo anecdótico acerca del autor de las obras, esgrimiendo como principal argumento que la Odisea es un libro canónico aunque poco sabemos de Homero, o que las obras de Shakespeare trascienden la nebulosa información con la que contamos acerca del eximio dramaturgo. Introducción a la Poética es de aquellos que, aun no estando para nada de acuerdo con sus hipótesis, resultan sumamente admirables.

Trabajar cansa. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
Cesare Pavese
Alción
Trabajar cansa tuvo su publicación original en 1936 y una reedición en 1943 con el agregado de treinta y un poemas y la supresión de otros seis. Si bien está considerado uno de sus trabajos más herméticos y deudores de aquello que se conoce como “poesía narrativa”, resulta también una especie de compendio perfecto de las principales características que hicieron de la obra de Cesare Pavese una de las más rutilantes del siglo XX: la soledad como una forma de condena existencial e irreversible, la idealización de la mujer y la melancolía de su evocación, la imposibilidad de la comunicación (algo majestuosamente plasmado en sus diálogos) y, sobre todo, la construcción de la infancia como una edad mítica, fuente inagotable de inspiración, y a la que siempre acude el poeta. Por su parte, Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, excelentemente traducida por Rodolfo Alonso, constituye la culminación en todo sentido de esa estética pavesiana y de aquellos rasgos mencionados: poesía lacerante que enaltece más que nunca a esa mujer que en este caso tiene rostro y cara, la de la actriz estadounidense Constance Dowling, cuya separación lo inspira a escribir este libro magnífico pero también a suicidarse el 26 de agosto de 1950.