viernes, 22 de julio de 2011

Reseñas "Natatio Aeterna" de Alicia Kozameh







La Capital, domingo 24 de julio de 2011
[lec turas]

 Un resplandor perdurable

En Natatio aeterna,
Alicia Kozameh indaga
en las tensiones entre
lo individual y lo grupal




                       Entre libros. Alicia Kozameh, nacida en Rosario y residente en Estados Unidos.

> osvaldo aguirre <


La identidad y el modo en que diversos personajes se reconocen (o no) como integrantes de un grupo son el eje de la última novela de Alicia Kozameh (Rosario, 1953). La cuestión es introducida con una pregunta casi imperiosa: “¿usted quién es, cómo se identifica, a qué grupo pertenece?”. Pero lo particular de Natatio aeterna no se desprende tanto de las respuestas que se pueden plantear sino del modo en que el tema se convierte en la forma del relato mismo, para configurar una singular voz narrativa, que es una y a la vez muchas.

Un neurocirujano, una bailarina de ballet, un músico con problemas de adicciones, una nena, un militante de los años 70, una inmigrante latina en los Estados Unidos, son algunos de los personajes que se suceden en el transcurso de la narración. Situaciones y perspectivas bastante diferentes, que sin embargo se asocian en el acto de narrar. Cada uno de los personajes habla en primera persona, pero el relato no separa sus voces, al contrario, trata de atenuar sus diferencias como para que el cambio de una a otra sea imperceptible. Integradas en el hilo de la narración como partes de un mismo movimiento, la asociación de las voces demuestra que hay algo en común entre los hablantes, por más disímiles que parezcan, algo que pasa inadvertido a primera vista y que la ficción apunta a descubrir.

Así como el narrador integra múltiples voces, la historia se configura a través de experiencias heterogéneas, en una construcción que puede describirse con términos de la gastronomía: la clave pasa por el modo en que se combinan los ingredientes y la temperatura en la que se cocinan, “como para que los elementos se asocien entre sí en un proceso químico favorable a todos, para que todos los integrantes del grupo sientan el calorcito, sepan que están incluídos, para que se sientan seguros y fuertes”.  Es que los hechos, sugiere uno de los personajes, no tienen sentido sin un ámbito en el que puedan circular y transmitirse, en el que se conviertan en recuerdo y entonces en memoria compartida y objeto de un legado.
Con la voz, hay un elemento enigmático que pasa de un personaje a otro: una valija con una corona, un despertador y una maquinita de afeitar. El fluir del tiempo (o más bien el modo en que el tiempo no transcurre, en la particular visión de Kozameh), el dolor, la muerte, el miedo, la relación con los otros, son preocupaciones que asimismo retornan en el desarrollo de la novela.

Presa durante la última dictadura militar, Kozameh ha construido sus ficciones sobre la base de la experiencia de la cárcel y la militancia y como escenario de una reflexión política vuelta hacia el pasado y a la vez situada en el horizonte del presente. En este libro pueden leerse nuevas modulaciones de esa interrogación, su rechazo a palabras tan cargadas de sentido como derrota y sobreviviente, el constante llamado a los compañeros.
“¿Dónde pueden encontrarse sus señales? There’s a kind of hush. Es cierto. Sin embargo, algo, algo se percibe”, dice el militante de los años 70. En el final de Natatio aeterna, una adolescente le pide consejo a un viejo músico. Quiere comprar un tambor. Ese simple motivo desencadena una intensa reflexión sobre el ritmo y la creación verbal, la necesidad de “escuchar, hacerse cargo de los sonidos de la vida” y a la vez advertir que “importa más lo que no se toca, el sonido que se contiene dentro de uno para escuchar el que producen otros”. Una iluminación que remite al principio mismo del libro, como inscripción “del resplandor que no se decide a abandonarme” y en el cual Alicia Kozameh sigue encontrando un poderoso motor de escritura.


  










CULTURA / ESPECTACULOS › LITERATURA. NATATIO AETERNA, NUEVA OBRA DE ALICIA KOZAMEH
Reflexiones sobre el ser con otros
En el libro de la escritora rosarina, diez voces configuran un árbol de la vida, como diez emanaciones del Eros, la pulsión de vida en su sentido más ampliamente amoroso, que puja por volver a unir lo que la maldad ha separado.
Por Beatriz Vignoli




                                        Kozameh publicó en 1987 el premiado Pasos bajo el agua

¿Qué tienen en común un vándalo austríaco, una joven bailarina de ballet ecuatoriana con fantasías homicidas, un músico de rock ex cocainómano en Los Angeles, una niña coreuta y fóbica, un viejo militante argentino que no se resigna a la derrota, un neurocirujano con fantasías homicidas, una gata, una chica chicana con una vida difícil, un gay con sida, y un tamborilero místico en Venice Beach? Todas esas son las voces de la polifónica novela Natatio Aeterna, de la escritora rosarina Alicia Kozameh.
La novela está fechada en Los Angeles el 18 de julio de 2007; la publicó en mayo de 2011 la editorial Alción, de Córdoba, que también reeditó su premiada Pasos bajo el agua (con una inhallable primera edición en Buenos Aires en 1987, que le costó a su autora, retornada al país en 1984, un segundo exilio). También salió por Alción en 2003 la primera edición original en castellano de la ficción de tema autobiográfico Patas de avestruz, que ya se había publicado en versión al alemán en Austria; había sido empezada bajo hipnosis en Buenos Aires y terminada en Los Angeles en 1989. "Comprendo los hechos, los entiendo, los elaboro, a través de las formas creativas", le contó Kozameh a la académica austríaca Erna Pfeiffer en Exiliadas, emigrantes, viajeras. Encuentros con diez escritoras latinoamericanas.
Alicia Kozameh (nacida en Rosario, en 1953) ingresó en 1973 en la carrera de Filosofía y Letras de la Universidad de Rosario. Desde el 24 de septiembre de 1975 hasta la Navidad de 1978 estuvo detenida por motivos políticos: primero en "El sótano", de la Jefatura de Policía de Rosario; luego en Villa Devoto. En 1979 pasó seis meses en libertad vigilada en Rosario. Tras recibir presiones y amenazas del gobierno militar, se exilió en 1980, primero en California y después en México. En el capítulo 6 de Pasos bajo el agua narra aquel 1979 en que "encontrar subterfugios que nos abrieran accesos a la vida, en un punto se convirtió en una obstinación". En el capítulo 7 (que obtuvo el premio Crisis en 1986 y fue reeditado recientemente por Ross como parte de El río en catorce cuentos) relata en forma no lineal y fragmentaria el traslado desde "El sótano".
Esquirlas de la memoria del trauma afloran al comienzo de Natatio Aeterna, cuyo tema no es la represión sino el sentido profundo que tal vez haya tenido la militancia: un sentido de unión casi mística. El libro se abre con una alusión explícita a la detención, donde la autora se apropia de la pregunta del represor para marcar el tema que las densas y bellísimas 164 páginas se encargarán de explorar y resignificar al infinito: "¿Usted quién es, cómo se identifica, a qué grupo pertenece?". La idea de que se responde a la pregunta por quién se es sólo en relación con la pertenencia a un grupo es indagada en diez versiones, diez voces reconocibles y diferenciadas; una incluso habla en spanglish, otras dicen fragmentos en inglés; otra, maúlla.
Cada voz tiene su estilo y su propio ritmo; sin embargo, la prosa del libro mantiene una unidad. Los pasajes entre una voz y otra no presentan fisuras; lo que logra Kozameh es un claroscuro que las modula y las funde una en otra. Cada uno de los personajes dice poseer, como el bien más preciado, una valija que contiene una corona, una máquina de afeitar y un reloj despertador. Cada monólogo fluye, tempestuoso, y por momentos (sobre todo en los pasajes donde la voz cambia) se tiene la sensación de estar ante una pieza teatral, tal es la carnadura de cada personaje. Las voces son parte de una sola unidad (el libro) y a la vez cada cuerpo que habla pertenece a un colectivo que le da sentido.
Con cada uno de esos personajes como máscaras, la autora reflexiona sobre el ser con otros. Esos otros no son necesariamente humanos: la unión de una niña con su cama, de un tamborilero con su tambor, de una gata con "otras pieles" de su especie, de dos viejos militantes con la causa por la que se la jugaron años atrás, determinan al hablante.
"Es una gran mentira que las cosas pueden tener vida propia, gran falacia, nada tiene vida sin el contacto de otra cosa, somos eso, somos el contacto, la reacción al contacto", dice en su estilo extático el tamborilero de Venice Beach. "El ritmo, el ritmo, Celia, y decíselo a tu novio, es el movimiento de la sangre irrigándonos todo, irrigando lo único que poseemos, que es este cuerpo, estos músculos, esta piel que parece protegernos pero que nos deja expuestos a la más completa adversidad porque es así como debe ser, debemos vivir expuestos, sin ataduras, abiertos a la absorción, a la ósmosis de la materia y de los tiempos, como vasos comunicantes...". "Hay muchos compañeros vivos. Suficientes como para rever los últimos años y empezar con algo nuevo", dice el militante, realista y entrañable.
Las diez voces de Natatio Aeterna configuran un árbol de la vida, como diez emanaciones del Eros, la pulsión de vida en su sentido más ampliamente amoroso, que puja por volver a unir lo que la maldad ha separado. Véase el clímax del soliloquio del músico de rock: "Y cuando uno a uno, o de a dos, se van incorporando todos los instrumentos con toda su fuerza sin taparme la voz, sin que yo necesite gritar para seguir existiendo, y no es trivial, sin tener que armar demasiado quilombo para ser notado, ese momento, ése en el que todos estamos cumpliendo con nuestro papel en el grupo, en el que la banda está en acción completa, total, todos al mismo tiempo y sin hacer cagadas como desafinar, o tapar a los otros, o querer sobresalir, más bien destacando la belleza del sonido que los demás producen con la belleza del sonido que uno mismo produce, ése es el gran momento".

miércoles, 13 de julio de 2011

Acta Concurso Literario el Banquete 2011


Acta Concurso Literario el Banquete 2011


         En la ciudad de Córdoba a los diez días del mes de Julio de 2011 el comité editorial de la revista El banquete compuesto por Silvio Mattoni, Cecilia Pacella y Carlos Surghi se reúnen para leer el dictamen establecido por el jurado del Concurso Literario El banquete
 2011, compuesto por Osvaldo Bossi, Santiago Vega y Silvio Mattoni, y realizar la apertura de los sobres donde figuran los datos de los ganadores, de acuerdo a las bases del mencionado concurso oportunamente establecidas.
         En primer lugar se lleva a cabo la lectura del dictamen del jurado, que establece como ganador del Premio Concurso Literario El banquete 2011, género poesía al trabajo titulado Fondo Blanco presentado bajo el seudónimo de Damon Albarn.
Asimismo el jurado otorga las siguientes menciones especiales con recomendación para su publicación, cuyos seudónimos se indican entre paréntesis:

Primera mención: El tiempo en Ontario (Neko)
Segunda mención: Una piedra acá (Victoria Magra)          
Tercera mención: Yuyal recargado (Juan de Lapala)        
Cuarta mención: Las Expectativas (Stuart)   
               
En segundo término se procede a la apertura de los sobres con los datos del ganador y de las menciones especiales, constatando los datos de los participantes, el ganador y las menciones especiales que corresponden a:

Premio Concurso Literario El banquete 2011: Javier Martínez Ramacciotti por su trabajo Fondo Blanco.
Primera Mención Concurso Literario El banquete 2011: María Eloísa Oliva por su trabajo El tiempo en Ontario.  
Segunda Mención Concurso Literario El banquete 2011: Laura Marta Pratto por su trabajo Una piedra acá.
Tercera Mención Concurso Literario El banquete 2011: Cipriano Roque Ceferino Labala por su trabajo Yuyal recargado.
Cuarta Mención Concurso Literario El banquete 2011: Alberto José Rodríguez Maiztegui por su trabajo Las expectativas.  



Córdoba, 10 de julio de 2011.

martes, 5 de julio de 2011

Novedad!!!



Jorge Santiago Perednik

El Shock de los Lender


Transformación alquímica del caso Schoklender, un artefacto poético de tanta lucidez que hoy -a 25 años de haber sido construido- sigue irradiando como un atractor extraño de transversalidad -como aquellos soñados por Guattari-.

Qué extraña es la síncronía a veces...leer este libro en este momento en tensión de la lengua argentina, con televisores y radios interfiriéndose mutuamente creando el tokonoma que libera: políticas de los cuerpos. Un libro asombroso."Es la cuarta instancia psíquica, el misterio" JSP, El shock de los Lender  

$45
Pedilo a: alcioneditoraonline@gmail.com

lunes, 13 de junio de 2011

Presentaciones Junio: Natatio Aeterna

Alción  Editora
tiene el agrado de invitar Ud./s  a la presentación del libro

de

Alicia Kozameh

el día 15 de junio a las 19 hs.

Presentan:
Andrea Guiu y Juan Maldonado

Archivo de la Memoria
Pasaje Santa Catalina (entre el Cabildo y la Catedral)
Córdoba

Presentaciones Junio: Para el cielo estrellado

Alción  Editora 
tiene el agrado de invitar Ud./s  a la
presentación del libro


el día viernes  24 de junio a las 19 hs.

Compilador: Silvio Mattoni

Participan:
Cecilia Pacella y Carlos Surghi


Museo Genaro Pérez
Córdoba

jueves, 9 de junio de 2011

Prensa: Reseñas

Adn - 03/06/2011

Gesualdo Bufalino  -  La Amarga miel





Revista Ñ - 04/06/2011

El BanQuete nº 10 y Hablar de Poesía


lunes, 9 de mayo de 2011

Presentaciones Mayo

Alción Editora
tiene el agrado de invitar a Ud./Uds. a la presentación del libro





El 20 de mayo a las 19 hs

en
Casa de Pepino
-Belgrano y Fructuoso Rivera-


Participan: Fernando Reati/Perla Suez/Mirian Pino/Jorge Bracamonte/Domingo Ighina.

lunes, 2 de mayo de 2011

Novela Paulina Movsichoff




“La desconocida del Plata” de Paulina Movsichoff


Susana Chas, una gran amiga de la vida, me ha permitido el privilegio de presentar el último libro de Paulina, una novela bella y “argentina”, donde se cruzan las dimensiones de análisis más importantes de las últimas décadas: mujeres, dictadura, relaciones familiares, identidad, globalización, escritura y arte.
Con la humildad de quienes abordamos la literatura desde el placer, intentaré presentarles un análisis de los ejes temáticos que recorren la novela y la estructuran en un todo compacto y en algunos momentos, cíclicos.
La escritura de Paulina Movsichoff es llana, pero no por ello simple. A través del relato familiar, va reflexionando acerca de las grandes problemáticas que recorren esta posmodernidad, y que en nuestro país han sido atravesadas por la tragedia de la historia.
Como ya lo comentó Susana la novela narra la búsqueda de identidad de Marina Osuna, una mujer de 45 años, cuya madre fue secuestrada, torturada y desaparecida por la última dictadura miliar.
Esa búsqueda, contada como un viaje que hace la protagonista desde México, el lugar donde su familia decide enviarla para resguardarla del terror, hasta la Argentina del año 2000, escindida y agonizante ante la brutalidad de las políticas neoliberales.
Ese viaje externo de búsqueda de su madre desaparecida es superpuesto al viaje interno de búsqueda de sí misma. Paulina juega con las temporalidades del afuera y el adentro de la protagonista, en una confusión que intenta desarmar o repensar los paradigmas y mandatos impuestos.
Marina, la niña-mujer que busca a su madre, se enfrenta a todos los recuerdos familiares para desandar la desmemoria forzada impuesta por su familia.
Y aquí comienzan a jugarse los ejes más importantes de la novela:
El primero es el testimonial. A través de cartas, que nunca se sabe si llegan o no, la madre desaparecida dará testimonio del contexto ideológico y cultural que la mueve a la militancia política y a la entrega completa de sí misma para la búsqueda de un mundo mejor.
La década del ’70 es contada sin idealismo pero con mucho respeto, generando una empatía con esa protagonista que intenta justificarse ante su hija y su familia por su elección de vida.
Paralelamente, se impone el testimonio del horror, de la planificación sistemática para la eliminación de personas llevada a cabo por el Proceso de Reorganización Nacional que gobernó el país entre 1976 y 1983. Los campos de concentración, la tortura y el exilio de miles de argentinos. Y la tragedia de la guerra de Malvinas, como una herida abierta e inconclusa de ese espanto.
¿Podremos dejar de decir lo que hemos visto y oído? ¿Podremos no dar testimonio?

Hay que destacar, a diferencia de otras novelas sobre la misma temática que han salido a la luz en los últimos tiempos, que la autora aborda el tema de la tortura y la muerte no desde el odio o el regordeo de la miseria sino desde la necesaria memoria que debe imponerse, desde una mirada casi imparcial de los hechos, pero no por ello edulcorada. Como la mención a las Madres de Plaza de Mayo, hay una comprensión histórica de su lucha y de su dolor personal. “Su lucha ha sido sublime” dice la protagonista. No hay panfleto ni mal uso de ese símbolo.

El segundo eje es la Identidad de los desaparecidos. Aquel planteo testimonial permite a la autora adentrarse en la temática nudo de la novela: la búsqueda de identidad de Marina, una mujer criada y construida con retazos de memoria y silencios.
En este punto, Paulina expone una situación que ha sido una constante, y en algunos casos lo sigue siendo (España es un ejemplo con la Guerra Civil española) de la forma de abordar la historia que muchas veces tienen las sociedades.
“Me pregunto qué clase de locura nos invadió a todos. La locura del miedo, si, la del terror. Pero también la de qué dirán, la de ser portadores de un estigma en aquella Argentina de los derechos y humanos”
La familia de Marina (su abuela, sus tías y su padre) decide hacer un pacto de silencio ante la desaparición de su madre. “Era una orden tácita a la que todos obedecíamos: no menciones a mamá”  Una consigna implícita que asumirán los protagonistas como modo de supervivencia.
De esta manera, el dolor es puesto entre paréntesis, congelado en el inconsciente de esa niña-mujer que no sabe quién es porque no se anima a preguntarse sobre su madre.
No es casual entonces que sea su terapeuta quien le diga: “Usted tiene a su madre en el sótano” Una palabra que no es arbitraria en esa historia que se intenta contar. Aquí es donde la culpa de la madre por abandonarla por la militancia se trasmuta en culpa de la hija por haberla condenado a esa indiferencia.
La búsqueda de su madre es la búsqueda de sí misma: “Sin madre no es posible amar, sin madre no es posible morir”, una frase de Hernam Hesse que intenta describir el proceso por el que pasaron y pasan miles de hijos y nietos de personas desaparecidas durante la dictadura.
La identidad como derecho ha sido una de las grandes reivindicaciones de las últimas décadas. La identidad como única forma de construirse como persona íntegra, sabiendo quiénes eran nuestros padres, qué pensaban, en qué creían, por qué murieron.
El silencio, el ocultamiento de ese pasado es el robo de la memoria de aquellos seres, de su vida como valor y por supuesto, de su transcendencia.
En el caso de la Marina, ese viaje a Argentina, treinta años después, le permitirá encontrarse con su madre, a través de las palabras, imágenes y recuerdos de sus familiares y amigos, y a partir de allí encontrarse con sí misma, con su propia vida y sus propios deseos.

Otro eje importante que recorre la novela, a mi entender, es cómo la autora va deslizando los cambios ocurridos en el país a partir de aquel horror. Ese contexto de ferviente estado de revolución y cambio de aquellos jóvenes militantes se opone a ese nuevo mundo globalizado de la década de los noventa:
Dice un personaje: “Tendría que estar muy loca si no me diera cuenta de cómo nuestro pobre país fue arruinado, de qué manera destruyeron hasta el último de nuestros sueños. Creo que las condiciones por las que empezamos a luchar siguen intactas. La miseria, el hambre, la indiferencia hacia los que nada tienen. Esta globalización perversa, esas anteojeras que nos han puesto a todos para que no miremos a nuestro alrededor, para convertir en invisibles a los que no conocen el éxito y no están en la órbita de la riqueza”(…) “Es difícil reconocer en esta ciudad a la Buenos Aires que dejé años atrás. No recuerdo haber visto tantos mendigos en ese entonces. También en la calle veo gente tirada en la vereda” Y el paco

Los últimos ejes sobre los que quiero reflexionar son las relaciones familiares, la relación madre-hija y el abordaje de los personajes femeninos
El esqueleto que estructura la novela, es la relación madre-hija. Y sorprende su abordaje. La lógica occidental del permanente conflicto, reproducido por el famoso complejo de Electra, es revisada por la autora. No hay madre castradora ni imagen-espejo del padre; sino por el contrario el concepto de madre (que hacia el final del libro es comparado con la madre tierra) es explicado como memoria genética, corpus y significante de esa hija.
La figura de la madre es reivindicada como protectora, como única capaz de dar vida (no solo biológica sino espiritual y emocional) a esa hija, también mujer que se busca a sí misma. La historia de los vínculos como transformación, como ciclos para el entendimiento: “Comprendí de pronto que sólo cuando una mujer tiene una hija logra atravesar el espejo de su destino y ver el mundo a través de los ojos de su propia madre.”

Respecto de las relaciones familiares es importante destacar primero la excelente y compleja trama de personajes que van surgiendo en el texto y que paulina describe con gran maestría, de manera de que el lector pueda reconocerlos a lo largo de la trama.
“Las mujeres, creo, nos arreglamos para que nuestra memoria no se pierda, para que nuestras historias sobrevivan”
Hijas, abuelas, tías, primas, nietas que van construyendo con Marina aquella madre ausente. Aquí hay dos cuestiones para remarcar: la historia familiar es contada desde el mandato patriarcal, donde las mujeres se solidarizan y entienden a partir de sus propios dolores y frustraciones con los hombres.
Incluso no es casual que Marina decida ir a la búsqueda de su madre (hacerse cargo de sí misma) luego de que es engañada por su esposo. Hay un planteo generacional donde el hombre es la tercera pierna, el gestor de esa mujer.
Sin embargo, la figura de los hombres está desdibujada en toda la novela. Las grandes protagonistas son las mujeres en un mundo de hombres que las someten al engaño, la ausencia o el desamor.

Finalmente y en relación a estos temas, la escritora aborda la condición de género. La historia de las mujeres que atraviesan la novela es la historia de las mujeres durante las últimas décadas: sus luchas por ocupar un lugar en el mundo falocéntrico, como escritoras, como pintoras, pero también como madres e hijas.
“Me vino a la mente el modelo femenino de mi madre, que a su vez lo recibió de la suya: La mujer buena siempre quiere a su marido”
La autora pone en cuestión los mandatos patriarcales de género con la historia de dos primas lesbianas, ridiculiza el dogma de la media naranja o el príncipe azul: “Es muy difícil que encuentre esa media naranja, que nos han hecho pensar como indispensable para ser alguien digno”

Este es un libro de la memoria y del olvido, de la verdad y de la revisión de esa verdad, escrita por una mujer que no se presta a jugar el juego que ha propuesto históricamente la percepción masculina.
Paulina escribe con autenticidad, con valor, se pelea con los prejuicios, y reflexiona sobre la complejidad de esos vínculos que siguen siendo determinantes para construirnos como mujeres: “Como mujeres que somos todavía debemos escarbar, abrir los ojos y los oídos para escucharnos a nosotras mismas”

Silvia Nadalin

Presentaciones Mayo

Alción Editora
tiene el agrado de invitar a uds. a la presentación de



Jueves 12 de mayo - 19 hs

Casa de Pepino
Belgrano y Fructusoso Rivera

Presentación a cargo de Juan Maldonado

jueves, 28 de abril de 2011

Presentación Abril

Apertura y clausura de la metafísica en el pensamiento de Macedonio Fernández

de

Dante Aimino



29 de abril - 19:30 hs
Casa de pepino
(Belgrano y Fructuoso Rivera)



Donde está la salvación crece el peligro

Nunca tuve la ciencia ni la paciencia requeridas por las cuestiones metafísicas(o por esa sola cuestión a la que José Ramón Pérez llamaba ‘’la cuestión de la metafísica’’), y me evadía de ellas, o de Ella, por medio del humor o de la poesía; mi vanidad imaginaba que lo mismo había hecho Macedonio Fernández y le otorgaba la mayor simpatía. Pero no es la primera vez que advierto –o me hacen advertir-  que las cosas suelen transitar caminos poco favorecidos por mi imaginación. Y hoy la advertencia proviene de esta ‘Apertura y clausura de la metafísica en el pensamiento de Macedonio Fernández’, tesis doctoral summa cum laude debida a Dante Aimino, que tengo el honor de presentar.
Insisto en que carezco de la sutileza necesaria para salir airoso de los laberintos metafísicos, esas notables arquitecturas de palabras que vienen y van sin rumbo aparente, y que son miradas con admiración al menos tantas veces como son apartadas con desdén, y por esta razón agradezco a este Dante que se haya transfigurado en un Virgilio capaz de guiarme, de guiarnos, por tales resbaladizos círculos. La alusión al Infierno y al Purgatorio corre por mi cuenta, ya que Macedonio entendía la metafísica como favorable a la felicidad (y así lo destaca su docto comentarista), estadio semejante al Paraíso donde nuestros pasos siguen los de la inefable y epónima Beatriz, en tanto que yo, por el contrario, aunque en la misma cuerda y tal vez en oculta armonía con esa proposición, toda mi vida me he sentido próximo al pensamiento de Borges según el cual la felicidad entraña una interrupción en el estudio de la metafísica, suficiente pero no necesaria en cuanto la infelicidad no es incompatible con la falta de preparación metafísica y necesaria pero no suficiente en cuanto abundan fidedignos testimonios de tristeza metafísica.
De dos o tres rasgos carece la metafísica, y estas carencias, propuestas y alabadas por la mayoría de los metafísicos, son las que producen las perplejidades que alimentan mi impaciencia y mi ignorancia. La metafísica, mal que le pese a los aristotélicos carece de sistema, y mal que le pese a los hegelianos carece de historia y, por esto mismo, no deja esquicios para la incertidumbre y la crítica, y entonces el espacio de su presencia, su claridad, tiene el paradójico aspecto de un museo de eternidades, eternidades que sus detractores suelen llamar anacronismos. Sirva esto para tomar conciencia de las dificultades asumidas por Aimino, quien por exigencias de su investigación debía situar históricamente el problema o bien ubicarlo en un esquema conceptual, o bien hacer una y otra cosa, además de apuntar las incertidumbres que motivaban su curiosidad y su intención crítica, porque la prueba de una tesis ha de consistir en un argumento, sea en el sentido de una narración histórica o genealógica o de una relación entre conceptos o de una combinación de esto y aquello, y ha de responder al intríngulis suscitado por alguna anomalía en el orden temporal o lógico de los acontecimientos. Si bien por una parte el tesista tenía allí  un par metáforas magníficas para su asunto: un ‘Museo de novela de la Eterna’ y un autor que escribía de tal modo que el lector de seguido leyera de salteado y el lector de salteado leyera de seguido, por otra parte ese mismo decir, ese intrincado estilo afecto a los entre dichos y a los contra dichos, no menos humorístico que irónico ni menos poético que metafísico o crítico, en un maestro de prestidigitación verbal tan hábil en la polémica como diestro en el ocultamiento de fuentes, capaz de darse por nacido en el mismo instante que el mundo, desplegaba toda clase de fuegos artificiales y maniobras de distracción ante la vocación hermenéutica.
El principio y el fin, la apertura y la clausura, entendidos de manera absoluta, sin antecedentes y sin consecuencias constituyen el propósito a mi juicio inalcanzable de la metafísica; y así pareció entenderlo el autor de los textos que dieron origen posteriormente, por obra y gracia de un bibliotecario, al nombre de metafísica; es sabido que Aristóteles la llamó filosofía primera, protofilosofía, y ciencia subjetiva y objetiva de Dios, a la par que reconocía no ser el primero en filosofar y apuntaba que lo primero y lo último son relativos y que lo primero en el orden del ser es lo último en el orden del conocimiento y viceversa, por lo que la ciencia que se busca temprana es la que llega tardía. De allí que Aimino, en paralelo con la crónica de su inquietud por el tema de su tesis haya propuesto la crónica de la cuestión metafísica en el pensamiento de Macedonio Fernández y la crónica de este pensamiento en relación con sus precursores, sus contemporáneos y sus sucesores, para lo cual ha debido también proponer, exponer y entramar una colección de conceptos, un sistema que nos haga seguir, o leer de seguido, la rapsodia metafísica de Macedonio Fernández.
El sistema de Aimino no es, creo, un sistema de metafísica, que sería, de serlo, ‘el Sistema de la Metafísica’, sino un sistema de lectura de una expresión metafísica, una traslación a un ámbito de inteligibilidad de una experiencia cuasi mística, una meditación del misterio en que puede sumirnos el suponer un sentido absoluto de las palabras. Dos revelaciones, o como podría decirse, dos apocalipsis, me son insinuadas o sugeridas por estas noticias que conmueven mi barbarie, mi extranjería en estas regiones, y las expongo con una sensación mucho más aguda del riesgo que me ha acompañado a lo largo de todo mi discurso, pero que percibo ahora como el inminente peligro de caer, o haber caído, en la obviedad o en el sinsentido. Una es la idea –la figura o la imagen- de que apertura y clausura referidas a la metafísica son uno y lo mismo, que la conjunción no es meramente gramatical, sino que es la marca lingüística de una identidad ontológica. Otra, asociada con la primera, es de que la Metafísica, ella misma, se abre y se cierra cada vez por completo, sin fisura alguna, como una esfera inmóvil o como un torbellino incesante (imágenes, nadie lo ignora, insuficientes y contradictorias) y las cronologías al igual que las conceptualizaciones, y sus mutuas discrepancias y negaciones son ejercicios hacia esa meta que es su punto de partida.
En lo personal estos descubrimientos, que no alteran mi admiración por Aimino y favorecen el elogio de su obra, no dejan de provocarme una insondable incomodidad existencial (pero he leído por ahí que es obligación de los filósofos hacer que los hombres, en especial los que pasan por filósofos, se sientan incómodos) y mi Unheimlichkeitconsiste en no haber advertido que cuando imaginaba evadirme de la metafísica a través del humor y de la poesía no hacía eso, o no hacía sólo eso, sino lo contrario, o también lo contrario, y derivaba o caía hacia el corazón de la metafísica. Por lo que pregunto, ¿si esto es lo que ha logrado Aimino en la mente de un extranjero, tal vez un bárbaro hostil a la metafísica, que no logrará en ánimos más calificados y mejor predispuestos? Y concluyo con la afirmación de que sea cual sea la calificación y el ánimo del lector, con tal de que sea un lector calificado y animoso encontrará en las páginas de este libro el testimonio de, y la preparación para una singular aventura intelectual.
Daniel Vera
Córdoba 2011.

Reediciones: Yves Bonnefoy - Sobre el origen y el sentido

jueves, 14 de abril de 2011

lunes, 28 de marzo de 2011

martes, 15 de marzo de 2011

Reediciones: Yukio Mishima - El Sol y el Acero



Yukio Mishima (1925 - 1970) fue sembrando sus libros de drásticas señales que hablan de esa muerte voluntaria planeada al abrigo de una teatralidad  sofocante. Que derrocha provocación, estruendosa bufonería y anhelos de ásperas reivindicaciones políticas.
"Abandonar la literatura o abandonar la vida real", escribió pocos meses antes de practicarse el seppuku
He allí los dos términos de un dilema falaz pues ambos se cumplieron al mismo tiempo. Sin embargo, bajo la capa de la premeditación y frialdad, no cuesta demasiado advertir la existencia de un descontento trazado mediante esos progresivos contrapuntos entre la realidad y las palabras que el propio Mishima, devorado por la avidez de un desenlace cada vez más inminente, se ha propuesto impulsar. El sol y el acero aunque no es el único libro que los convoca, sí es el que elabora sus movimientos más raudos y exacerbados. Hasta el extremo de que su autor lo convirtió en una extraña máquina capaz de conducirlo, mediante oleadas de razonamiento tan perentorios como rigurosos, al acto final.


                                                                                                                   Antonio Oviedo