lunes, 2 de mayo de 2011

Novela Paulina Movsichoff




“La desconocida del Plata” de Paulina Movsichoff


Susana Chas, una gran amiga de la vida, me ha permitido el privilegio de presentar el último libro de Paulina, una novela bella y “argentina”, donde se cruzan las dimensiones de análisis más importantes de las últimas décadas: mujeres, dictadura, relaciones familiares, identidad, globalización, escritura y arte.
Con la humildad de quienes abordamos la literatura desde el placer, intentaré presentarles un análisis de los ejes temáticos que recorren la novela y la estructuran en un todo compacto y en algunos momentos, cíclicos.
La escritura de Paulina Movsichoff es llana, pero no por ello simple. A través del relato familiar, va reflexionando acerca de las grandes problemáticas que recorren esta posmodernidad, y que en nuestro país han sido atravesadas por la tragedia de la historia.
Como ya lo comentó Susana la novela narra la búsqueda de identidad de Marina Osuna, una mujer de 45 años, cuya madre fue secuestrada, torturada y desaparecida por la última dictadura miliar.
Esa búsqueda, contada como un viaje que hace la protagonista desde México, el lugar donde su familia decide enviarla para resguardarla del terror, hasta la Argentina del año 2000, escindida y agonizante ante la brutalidad de las políticas neoliberales.
Ese viaje externo de búsqueda de su madre desaparecida es superpuesto al viaje interno de búsqueda de sí misma. Paulina juega con las temporalidades del afuera y el adentro de la protagonista, en una confusión que intenta desarmar o repensar los paradigmas y mandatos impuestos.
Marina, la niña-mujer que busca a su madre, se enfrenta a todos los recuerdos familiares para desandar la desmemoria forzada impuesta por su familia.
Y aquí comienzan a jugarse los ejes más importantes de la novela:
El primero es el testimonial. A través de cartas, que nunca se sabe si llegan o no, la madre desaparecida dará testimonio del contexto ideológico y cultural que la mueve a la militancia política y a la entrega completa de sí misma para la búsqueda de un mundo mejor.
La década del ’70 es contada sin idealismo pero con mucho respeto, generando una empatía con esa protagonista que intenta justificarse ante su hija y su familia por su elección de vida.
Paralelamente, se impone el testimonio del horror, de la planificación sistemática para la eliminación de personas llevada a cabo por el Proceso de Reorganización Nacional que gobernó el país entre 1976 y 1983. Los campos de concentración, la tortura y el exilio de miles de argentinos. Y la tragedia de la guerra de Malvinas, como una herida abierta e inconclusa de ese espanto.
¿Podremos dejar de decir lo que hemos visto y oído? ¿Podremos no dar testimonio?

Hay que destacar, a diferencia de otras novelas sobre la misma temática que han salido a la luz en los últimos tiempos, que la autora aborda el tema de la tortura y la muerte no desde el odio o el regordeo de la miseria sino desde la necesaria memoria que debe imponerse, desde una mirada casi imparcial de los hechos, pero no por ello edulcorada. Como la mención a las Madres de Plaza de Mayo, hay una comprensión histórica de su lucha y de su dolor personal. “Su lucha ha sido sublime” dice la protagonista. No hay panfleto ni mal uso de ese símbolo.

El segundo eje es la Identidad de los desaparecidos. Aquel planteo testimonial permite a la autora adentrarse en la temática nudo de la novela: la búsqueda de identidad de Marina, una mujer criada y construida con retazos de memoria y silencios.
En este punto, Paulina expone una situación que ha sido una constante, y en algunos casos lo sigue siendo (España es un ejemplo con la Guerra Civil española) de la forma de abordar la historia que muchas veces tienen las sociedades.
“Me pregunto qué clase de locura nos invadió a todos. La locura del miedo, si, la del terror. Pero también la de qué dirán, la de ser portadores de un estigma en aquella Argentina de los derechos y humanos”
La familia de Marina (su abuela, sus tías y su padre) decide hacer un pacto de silencio ante la desaparición de su madre. “Era una orden tácita a la que todos obedecíamos: no menciones a mamá”  Una consigna implícita que asumirán los protagonistas como modo de supervivencia.
De esta manera, el dolor es puesto entre paréntesis, congelado en el inconsciente de esa niña-mujer que no sabe quién es porque no se anima a preguntarse sobre su madre.
No es casual entonces que sea su terapeuta quien le diga: “Usted tiene a su madre en el sótano” Una palabra que no es arbitraria en esa historia que se intenta contar. Aquí es donde la culpa de la madre por abandonarla por la militancia se trasmuta en culpa de la hija por haberla condenado a esa indiferencia.
La búsqueda de su madre es la búsqueda de sí misma: “Sin madre no es posible amar, sin madre no es posible morir”, una frase de Hernam Hesse que intenta describir el proceso por el que pasaron y pasan miles de hijos y nietos de personas desaparecidas durante la dictadura.
La identidad como derecho ha sido una de las grandes reivindicaciones de las últimas décadas. La identidad como única forma de construirse como persona íntegra, sabiendo quiénes eran nuestros padres, qué pensaban, en qué creían, por qué murieron.
El silencio, el ocultamiento de ese pasado es el robo de la memoria de aquellos seres, de su vida como valor y por supuesto, de su transcendencia.
En el caso de la Marina, ese viaje a Argentina, treinta años después, le permitirá encontrarse con su madre, a través de las palabras, imágenes y recuerdos de sus familiares y amigos, y a partir de allí encontrarse con sí misma, con su propia vida y sus propios deseos.

Otro eje importante que recorre la novela, a mi entender, es cómo la autora va deslizando los cambios ocurridos en el país a partir de aquel horror. Ese contexto de ferviente estado de revolución y cambio de aquellos jóvenes militantes se opone a ese nuevo mundo globalizado de la década de los noventa:
Dice un personaje: “Tendría que estar muy loca si no me diera cuenta de cómo nuestro pobre país fue arruinado, de qué manera destruyeron hasta el último de nuestros sueños. Creo que las condiciones por las que empezamos a luchar siguen intactas. La miseria, el hambre, la indiferencia hacia los que nada tienen. Esta globalización perversa, esas anteojeras que nos han puesto a todos para que no miremos a nuestro alrededor, para convertir en invisibles a los que no conocen el éxito y no están en la órbita de la riqueza”(…) “Es difícil reconocer en esta ciudad a la Buenos Aires que dejé años atrás. No recuerdo haber visto tantos mendigos en ese entonces. También en la calle veo gente tirada en la vereda” Y el paco

Los últimos ejes sobre los que quiero reflexionar son las relaciones familiares, la relación madre-hija y el abordaje de los personajes femeninos
El esqueleto que estructura la novela, es la relación madre-hija. Y sorprende su abordaje. La lógica occidental del permanente conflicto, reproducido por el famoso complejo de Electra, es revisada por la autora. No hay madre castradora ni imagen-espejo del padre; sino por el contrario el concepto de madre (que hacia el final del libro es comparado con la madre tierra) es explicado como memoria genética, corpus y significante de esa hija.
La figura de la madre es reivindicada como protectora, como única capaz de dar vida (no solo biológica sino espiritual y emocional) a esa hija, también mujer que se busca a sí misma. La historia de los vínculos como transformación, como ciclos para el entendimiento: “Comprendí de pronto que sólo cuando una mujer tiene una hija logra atravesar el espejo de su destino y ver el mundo a través de los ojos de su propia madre.”

Respecto de las relaciones familiares es importante destacar primero la excelente y compleja trama de personajes que van surgiendo en el texto y que paulina describe con gran maestría, de manera de que el lector pueda reconocerlos a lo largo de la trama.
“Las mujeres, creo, nos arreglamos para que nuestra memoria no se pierda, para que nuestras historias sobrevivan”
Hijas, abuelas, tías, primas, nietas que van construyendo con Marina aquella madre ausente. Aquí hay dos cuestiones para remarcar: la historia familiar es contada desde el mandato patriarcal, donde las mujeres se solidarizan y entienden a partir de sus propios dolores y frustraciones con los hombres.
Incluso no es casual que Marina decida ir a la búsqueda de su madre (hacerse cargo de sí misma) luego de que es engañada por su esposo. Hay un planteo generacional donde el hombre es la tercera pierna, el gestor de esa mujer.
Sin embargo, la figura de los hombres está desdibujada en toda la novela. Las grandes protagonistas son las mujeres en un mundo de hombres que las someten al engaño, la ausencia o el desamor.

Finalmente y en relación a estos temas, la escritora aborda la condición de género. La historia de las mujeres que atraviesan la novela es la historia de las mujeres durante las últimas décadas: sus luchas por ocupar un lugar en el mundo falocéntrico, como escritoras, como pintoras, pero también como madres e hijas.
“Me vino a la mente el modelo femenino de mi madre, que a su vez lo recibió de la suya: La mujer buena siempre quiere a su marido”
La autora pone en cuestión los mandatos patriarcales de género con la historia de dos primas lesbianas, ridiculiza el dogma de la media naranja o el príncipe azul: “Es muy difícil que encuentre esa media naranja, que nos han hecho pensar como indispensable para ser alguien digno”

Este es un libro de la memoria y del olvido, de la verdad y de la revisión de esa verdad, escrita por una mujer que no se presta a jugar el juego que ha propuesto históricamente la percepción masculina.
Paulina escribe con autenticidad, con valor, se pelea con los prejuicios, y reflexiona sobre la complejidad de esos vínculos que siguen siendo determinantes para construirnos como mujeres: “Como mujeres que somos todavía debemos escarbar, abrir los ojos y los oídos para escucharnos a nosotras mismas”

Silvia Nadalin

Presentaciones Mayo

Alción Editora
tiene el agrado de invitar a uds. a la presentación de



Jueves 12 de mayo - 19 hs

Casa de Pepino
Belgrano y Fructusoso Rivera

Presentación a cargo de Juan Maldonado

jueves, 28 de abril de 2011

Presentación Abril

Apertura y clausura de la metafísica en el pensamiento de Macedonio Fernández

de

Dante Aimino



29 de abril - 19:30 hs
Casa de pepino
(Belgrano y Fructuoso Rivera)



Donde está la salvación crece el peligro

Nunca tuve la ciencia ni la paciencia requeridas por las cuestiones metafísicas(o por esa sola cuestión a la que José Ramón Pérez llamaba ‘’la cuestión de la metafísica’’), y me evadía de ellas, o de Ella, por medio del humor o de la poesía; mi vanidad imaginaba que lo mismo había hecho Macedonio Fernández y le otorgaba la mayor simpatía. Pero no es la primera vez que advierto –o me hacen advertir-  que las cosas suelen transitar caminos poco favorecidos por mi imaginación. Y hoy la advertencia proviene de esta ‘Apertura y clausura de la metafísica en el pensamiento de Macedonio Fernández’, tesis doctoral summa cum laude debida a Dante Aimino, que tengo el honor de presentar.
Insisto en que carezco de la sutileza necesaria para salir airoso de los laberintos metafísicos, esas notables arquitecturas de palabras que vienen y van sin rumbo aparente, y que son miradas con admiración al menos tantas veces como son apartadas con desdén, y por esta razón agradezco a este Dante que se haya transfigurado en un Virgilio capaz de guiarme, de guiarnos, por tales resbaladizos círculos. La alusión al Infierno y al Purgatorio corre por mi cuenta, ya que Macedonio entendía la metafísica como favorable a la felicidad (y así lo destaca su docto comentarista), estadio semejante al Paraíso donde nuestros pasos siguen los de la inefable y epónima Beatriz, en tanto que yo, por el contrario, aunque en la misma cuerda y tal vez en oculta armonía con esa proposición, toda mi vida me he sentido próximo al pensamiento de Borges según el cual la felicidad entraña una interrupción en el estudio de la metafísica, suficiente pero no necesaria en cuanto la infelicidad no es incompatible con la falta de preparación metafísica y necesaria pero no suficiente en cuanto abundan fidedignos testimonios de tristeza metafísica.
De dos o tres rasgos carece la metafísica, y estas carencias, propuestas y alabadas por la mayoría de los metafísicos, son las que producen las perplejidades que alimentan mi impaciencia y mi ignorancia. La metafísica, mal que le pese a los aristotélicos carece de sistema, y mal que le pese a los hegelianos carece de historia y, por esto mismo, no deja esquicios para la incertidumbre y la crítica, y entonces el espacio de su presencia, su claridad, tiene el paradójico aspecto de un museo de eternidades, eternidades que sus detractores suelen llamar anacronismos. Sirva esto para tomar conciencia de las dificultades asumidas por Aimino, quien por exigencias de su investigación debía situar históricamente el problema o bien ubicarlo en un esquema conceptual, o bien hacer una y otra cosa, además de apuntar las incertidumbres que motivaban su curiosidad y su intención crítica, porque la prueba de una tesis ha de consistir en un argumento, sea en el sentido de una narración histórica o genealógica o de una relación entre conceptos o de una combinación de esto y aquello, y ha de responder al intríngulis suscitado por alguna anomalía en el orden temporal o lógico de los acontecimientos. Si bien por una parte el tesista tenía allí  un par metáforas magníficas para su asunto: un ‘Museo de novela de la Eterna’ y un autor que escribía de tal modo que el lector de seguido leyera de salteado y el lector de salteado leyera de seguido, por otra parte ese mismo decir, ese intrincado estilo afecto a los entre dichos y a los contra dichos, no menos humorístico que irónico ni menos poético que metafísico o crítico, en un maestro de prestidigitación verbal tan hábil en la polémica como diestro en el ocultamiento de fuentes, capaz de darse por nacido en el mismo instante que el mundo, desplegaba toda clase de fuegos artificiales y maniobras de distracción ante la vocación hermenéutica.
El principio y el fin, la apertura y la clausura, entendidos de manera absoluta, sin antecedentes y sin consecuencias constituyen el propósito a mi juicio inalcanzable de la metafísica; y así pareció entenderlo el autor de los textos que dieron origen posteriormente, por obra y gracia de un bibliotecario, al nombre de metafísica; es sabido que Aristóteles la llamó filosofía primera, protofilosofía, y ciencia subjetiva y objetiva de Dios, a la par que reconocía no ser el primero en filosofar y apuntaba que lo primero y lo último son relativos y que lo primero en el orden del ser es lo último en el orden del conocimiento y viceversa, por lo que la ciencia que se busca temprana es la que llega tardía. De allí que Aimino, en paralelo con la crónica de su inquietud por el tema de su tesis haya propuesto la crónica de la cuestión metafísica en el pensamiento de Macedonio Fernández y la crónica de este pensamiento en relación con sus precursores, sus contemporáneos y sus sucesores, para lo cual ha debido también proponer, exponer y entramar una colección de conceptos, un sistema que nos haga seguir, o leer de seguido, la rapsodia metafísica de Macedonio Fernández.
El sistema de Aimino no es, creo, un sistema de metafísica, que sería, de serlo, ‘el Sistema de la Metafísica’, sino un sistema de lectura de una expresión metafísica, una traslación a un ámbito de inteligibilidad de una experiencia cuasi mística, una meditación del misterio en que puede sumirnos el suponer un sentido absoluto de las palabras. Dos revelaciones, o como podría decirse, dos apocalipsis, me son insinuadas o sugeridas por estas noticias que conmueven mi barbarie, mi extranjería en estas regiones, y las expongo con una sensación mucho más aguda del riesgo que me ha acompañado a lo largo de todo mi discurso, pero que percibo ahora como el inminente peligro de caer, o haber caído, en la obviedad o en el sinsentido. Una es la idea –la figura o la imagen- de que apertura y clausura referidas a la metafísica son uno y lo mismo, que la conjunción no es meramente gramatical, sino que es la marca lingüística de una identidad ontológica. Otra, asociada con la primera, es de que la Metafísica, ella misma, se abre y se cierra cada vez por completo, sin fisura alguna, como una esfera inmóvil o como un torbellino incesante (imágenes, nadie lo ignora, insuficientes y contradictorias) y las cronologías al igual que las conceptualizaciones, y sus mutuas discrepancias y negaciones son ejercicios hacia esa meta que es su punto de partida.
En lo personal estos descubrimientos, que no alteran mi admiración por Aimino y favorecen el elogio de su obra, no dejan de provocarme una insondable incomodidad existencial (pero he leído por ahí que es obligación de los filósofos hacer que los hombres, en especial los que pasan por filósofos, se sientan incómodos) y mi Unheimlichkeitconsiste en no haber advertido que cuando imaginaba evadirme de la metafísica a través del humor y de la poesía no hacía eso, o no hacía sólo eso, sino lo contrario, o también lo contrario, y derivaba o caía hacia el corazón de la metafísica. Por lo que pregunto, ¿si esto es lo que ha logrado Aimino en la mente de un extranjero, tal vez un bárbaro hostil a la metafísica, que no logrará en ánimos más calificados y mejor predispuestos? Y concluyo con la afirmación de que sea cual sea la calificación y el ánimo del lector, con tal de que sea un lector calificado y animoso encontrará en las páginas de este libro el testimonio de, y la preparación para una singular aventura intelectual.
Daniel Vera
Córdoba 2011.

Reediciones: Yves Bonnefoy - Sobre el origen y el sentido

jueves, 14 de abril de 2011

lunes, 28 de marzo de 2011

martes, 15 de marzo de 2011

Reediciones: Yukio Mishima - El Sol y el Acero



Yukio Mishima (1925 - 1970) fue sembrando sus libros de drásticas señales que hablan de esa muerte voluntaria planeada al abrigo de una teatralidad  sofocante. Que derrocha provocación, estruendosa bufonería y anhelos de ásperas reivindicaciones políticas.
"Abandonar la literatura o abandonar la vida real", escribió pocos meses antes de practicarse el seppuku
He allí los dos términos de un dilema falaz pues ambos se cumplieron al mismo tiempo. Sin embargo, bajo la capa de la premeditación y frialdad, no cuesta demasiado advertir la existencia de un descontento trazado mediante esos progresivos contrapuntos entre la realidad y las palabras que el propio Mishima, devorado por la avidez de un desenlace cada vez más inminente, se ha propuesto impulsar. El sol y el acero aunque no es el único libro que los convoca, sí es el que elabora sus movimientos más raudos y exacerbados. Hasta el extremo de que su autor lo convirtió en una extraña máquina capaz de conducirlo, mediante oleadas de razonamiento tan perentorios como rigurosos, al acto final.


                                                                                                                   Antonio Oviedo

jueves, 24 de febrero de 2011

Sobre "Línea de Atlas" de Mariana Robles



Luminosa Simetría
Si mal no recuerdo son las obras del 2007 o 2008
Mariana bordó junto a su madre ese verano
la que ahora observo sin saber su nombre
tiene el marco delgado y claro.
Es de un tamaño mediano de aproximados 25 por 60 cm
y su fondo oscuro evoca un paisaje japonés.
Un extraño paisaje oriental por la composición y colorido.
El bordado combina las puntadas largas
con una variedad diminuta
que logra en el contraste
el efecto de la espuma o la puntilla.
En la base se destacan tres conjuntos de variada geometría
turquesas y rojos, amarillos y blancos, fucsias y verdes.
Cubos desplegados
provenientes de una ciencia anterior a las mediciones.
Figuras que se curvan y se aflojan
dibujadas sin reglas
obedientes al temperamento de los hilos.
Ese primer plano horizontal en la noche del fondo
anuncia la vigencia de una realidad cercana pero poco conocida.
Las formas sólo un recuerdo, otra imagen de aquella.
Quebrados
extendidos
unidos por los vértices y la casualidad.
De este universo geométrico nace, se desprende
crece en equilibrio y de las mismas hebras, otro.
Reflejo del primero y orgánico a la vez
en lo que podríamos denominar un segundo plano.
Como sueños, emanaciones de la geometría
desprendimientos de ella.
Nacen de a pares y diferentes sobre la unidad del fondo negro
En lo reconocible de una imaginería
que el zurcido aplica sobre la tela.
Es un riesgo pensar que se trata de una figura femenina
la que ocupa el centro de la escena.
Sin embargo es la tejedora
mujer insecto
la que con sus antenas inclinadas hacia delante
no se diferencia de esa trama donde nada es completo ni definitivo.
Estoy tejiendo esa madeja
lunática planta de colores
Dice Mariana en su poema Invención de un rosal
Y desnuda este proceso en vías de mudanza
lo hace visible a través de las formas en su propio sistema de reciprocidades.
La tejedora sigue atenta y prolija cada fase
los ciclos de la floración
mientras el paso de la aguja
desgarra y une las diminutas redes que el bordado tensa.
En esa antigua manera de poner en relación aquellos elementos de diferente orden puede tener su origen la capacidad de crear y transformar este mundo familiar y cercano en otro alucinante.
En mi infancia, todas las mujeres de la casa manejaban la aguja.
Siempre me han fascinado las agujas, su poder mágico.
Utilizamos la aguja para arreglar algo que se ha estropeado.
Es una invocación al perdón.
Dice Louise Bourgeois y su relato une las experiencias de niñez y juventud al bordar junto a su madre con su última serie de bordados, realizada con más de 90 años.
En tal sentido, el instrumento y la técnica amplifican los resultados y otorgan a ese todo un carácter de profunda humanidad en sí mismo. Reparación y perdón acciones hermanadas que anhelan restaurar lo que se ha perdido.
Una fórmula para captar lo acabado en lo inacabado reivindica de algún modo los procesos en su movilidad.
Mariana cruza la línea de la imagen hacia la palabra en este libro de poemas que ha llamado Línea de atlas, desde el cual continúa y expande un sistema propio de recolección y lectura de los datos que la realidad le aporta.
Bordadora botánica poeta
elabora una teoría de lo múltiple que en el trayecto de lo literal al sueño logra sintetizar una manera de habitar en la frontera de lo cercano.
Pasábamos a otros mundos por las cosas
a mirar con una lupa encendida y creí que vendrías
y recorreríamos el cielo, buscando un lugar.

Estamos entonces
ante un cuaderno de ejercicios de la percepción
o
ante un incipiente mapa para transitar el sueño de la pérdida
Ella dice:
Estoy bordando una manta
para cubrir el patio
y le salía la noche
con árboles precisos
estirándose al margen
y entonces vernos
cuando acabe la geografía.
Del bordado a la escritura o seguramente
de manera simultánea
se mueve la artista para iluminar las coincidencias.
Cito del poema Transparencias antiguas
De viaje alimentada
por las manos de un ángel
larga y fría una mujer en el sendero frutal
olores de tierra, de humedad
nace un cuerpo transparente
los pájaros cruzan las ventanas
y el mundo entero es una línea imperceptible
que nos atraviesa el corazón.
Línea de un atlas imaginario.
Necesario para desplazarnos en este universo personal
que encuentra inspiración en esa variedad sin límites de lo feérico
puerta de ingreso al tiempo que vuelve por momentos a la infancia
donde el juego, el sueño, lo terrible
integran esa suerte de estado
primero y frágil
muy cercano a la noción de un edén que se agrieta irremediablemente
Cito el poema del poema Final de la siesta
Todas esas flores marchitas
en luna abren el petalaje a la montaña
y esconden los signos del sueño.
Cuando era niña miraba collares de perlas
imitaciones baratas de un ámbar dorado y puntiagudo
allí culmina el puente que une
mis primeras visiones.
Floraciones elegíacas cierra o tal vez es el principio de esta segunda colección de poemas que componen este libro o herbario donde la oscuridad toma ya la forma de en un tapizado transparente.
De atrás hacia delante el conjunto vuelve sobre los pasos de una frase fúnebre.
Las floraciones se unen al lamento y a la pérdida en una suerte de fiesta íntima
de altar de lo amado en la memoria.
Sobre los túneles
las grietas
la sequedad de la tierra en invierno o en verano
alguna gota se desprende y se ilumina
con papeles recortados
tiras de género
o con círculos dibujados en el aire
el patio se reanima ante el nuevo decorado que trae la muerte
Cito
Una y otra tiras de telas, copas de piel, cilindros rotos
alambrados de plegarias en papeles rodeando los patios
escondida una mujer con su dedo dibuja al aire
pequeños círculos para adornar la noche
son apariciones vegetales
habitáculos de aire donde se acumula el tiempo
allí decorando los jardines flotan los muertos.
Las estaciones en este punto se tornan artificios que reproducen las fisuras.
La inquietante floración de las matas al llegar la primavera sólo reiteran el olvido.
Cito
Disfrazado sobre las ramas del ciruelo las flores
tristemente ordenadas al frío y con su viento
el eco fue un rapto de semillas, de arenas
más tarde, caerían todas sus plumas frutales
estación detenida por donde se abren paso los muertos.
Es a este altar al que Mariana regresa para bordar como su madre
o al lado de ella.
Vuela la aguja sobre el fondo oscuro
cruzan hilos fosforescentes, profusos e irregulares
puntadas sobre la tela para tocar las frutas y las flores
su corazón de cereza o de pájaro
Cito
Ana desemboca en el fuego
María alimenta las palomas.
Exactas sobre la tarde guardan mustias del bordado
descubren murallas
invaden un horizonte paralelo.
Los ornamentos de la frase, las finas hebras
los detalles que componen cada cuadro
multiplican una y otra vez los ecos vegetales
de un paraíso lejano.
Cito
Hacia el pantano paseamos de la mano
el mundo se desdobla yo mil veces yo
dos veces desdoblada me imagino desaparecer.
Una línea de atlas es la marca en un limbo
Claudia Santanera
Córdoba noviembre de 2010




Revista Ñ
12-02-2011

lunes, 20 de diciembre de 2010

Novedades: "Duda Patrón" de Federico Spoliansky



29 de Noviembre. Biblioteca Nacional.

En homenaje a la escritora Hebe Solves se presentó: DUDA PATRÓN, de Federico Spoliansky.
Leyeron: Paulina Vinderman, Susana Szwarc, Natasha Litvinova y Serguei Nikiforov.


Toma la ballesta sin saber qué es la caza, es bailarín. Escondido en un palco observo cómo organiza un bosque sobre el escenario. Un bosque no es territorio mudo, es un puente colgante sobre el dosel de los árboles, una cerda sobre el labio, un colmillo en el mentón. Las zapatillas de baile se hacen oír sobre el caucho, embiste la espada, touché, sólo es baile si es bongó. Una luciérnaga cosida en las puntas trae luz a una madriguera que jamás se hubiera podido vislumbrar. El bailarín cierra el acto rodeando el lago, ya no estoy reclinado, ahora soy un eucalipto, dejo que me parasite.


Me gusta el trote del caballo, la esclavitud de la arena, los collares de Birmania. Siempre que entro en detalles lo hago mal. Si en lugar de escribir cantara liberaría a las mujeres cuello de jirafa, al caballo del bozal. Dejaría a los párpados caer sobre las fundas, sería un níspero, una palta o la cáscara de un coco, no detendría la soberanía del viento. Quedaría el agua, los restos del día, las torpezas del día son el día, no sería necesario desterrarse.
Da miedo pensar que un bozal o una ristra de collares puedan impedir el trote.
Ser testigo.

Habla de la enfermedad en tercera persona.
Los sobrevivientes quieren volver, escapan del refugio, la paz es tan incómoda que se suicidan para confirmar la explosión, buscan estar a solas con ella, vivirla una vez más en el cuerpo, el mundo que conocen permanece en ese abril. Piden volver, no al lugar, al hacinamiento que los sorprendió dormidos. Aman la tierra natal, tropeles de plomo y cobre suben por los aljibes. Algunos han quemado sábanas, se han arrojado alcohol, encendido el cuerpo y salamandras para volver. Volver y que se reavive la Ucrania del útero radioactivo. Otros imitan la ceguera de los pájaros, el balido de los ciervos, las náuseas prosperan debajo de los pies. El casco urbano que una vez los albergó habita postales de saqueadores y aventureros. No se vacía el refugio por las muertes, el recambio de comarcas devuelve gritos a los territorios del borde, el poder los ha transformado en mendigos, a gusto en la miseria.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Presentaciones Diciembre

Alción Editora

tiene el agrado de invitar al cierre de su año editorial

y a la presentación de

Los nombres del fantasma

de

Carlos Surghi

(1er Premio Fondo Nacional de las Artes 2009 – Ensayo)



El banQuete Nº 10


Presentan: Cecilia Pacella – Flavio Lopresti

Miércoles 15 de diciembre de 2010

19:30 hs.

Centro Cultural España Córdoba

Entre Ríos 40

Córdoba – Argentina


Presentaciones Diciembre

Alción Editora

tiene el agrado de invitar a Ud./Uds a la presentación de

La Academia de Piatock

de

Alberto Szpunberg


el orfanato

de

María Malusardi





Participan: Ciro Bustos, Dany Goldman y Paulina Vinderman

Sábado 11 de diciembre

17 hs.

Biblioteca Nacional - Sala Juan L. Ortiz

Agüero 2502

Buenos Aires - Argentina

martes, 7 de diciembre de 2010

Presentaciones Diciembre

Alción Editora
tiene el agrado de invitar a Ud/Uds a la presentación de


Frágil memoria de muertos - La chica del volcán - Confesiones impersonales
Diego Tatián - Silvio Mattoni - Carlos Schilling


Viernes 10 de diciembre - 19 hs.

Biblioteca Nacional - Sala Juan L. Ortíz
Agüero 2502
Buenos Aires - Argentina


Participan: María Pía López, Anahí Mallol y Marcelo Damiani